lunes, 14 de noviembre de 2016

París: Sting rinde homenaje a las víctimas del terrorismo


La sala Bataclan abre sus puertas un año después de los atentados.
 
Era una institución del rock. A partir de ahora también será un símbolo de resistencia contra el oscurantismo. La sala Bataclan, escenario del más sangriento de los atentados que sacudieron París hace exactamente un año, resurgió anoche de sus cenizas para iniciar su siguiente etapa. Ese nuevo capítulo arrancó con un concierto de Sting, quien había aceptado estrenar su renovado recinto en el primer aniversario de los atentados, tras la aparente negativa de numerosos artistas franceses e internacionales. Lo hizo ante un público formado por 1.500 personas, entre medidas de seguridad extremas y con la circulación cortada en un extenso perímetro de seguridad.

 Al salir al escenario, poco después de las 9 de la noche, Sting no se anduvo con rodeos, reconociendo en un francés impecable que su misión era titánica. “Esta noche tenemos dos cometidos por conciliar. De entrada, recordar a quienes perdieron la vida hace un año. Y después, celebrar la vida y la música en esta sala histórica”, expresó. Pidió entonces un minuto de silencio por las víctimas, jurando que “nunca las olvidaremos”, y entonó Fragile, un delicado tema de los ochenta, que supuso más bien una excepción en una noche de orientación más eléctrica que acústica. No fue un gesto totalmente trivial: ante este contexto, la sonoridad de una guitarra puede convertirse en un asunto político y moral.

“Perdimos a un hijo, a un hermano, a un cuñado. Ha sido muy difícil venir. Pero la música debe seguir sonando”, afirmaba una de las pocas familiares de víctimas que aceptaban hablar, rodeada de su familia. “Son personas que han vivido el horror absoluto. Volver a este lugar supone un nuevo hundimiento, aunque a algunos les sirva para cerrar un círculo”, explicaba el psiquiatra Didier Cremniter, especialista en situaciones de emergencia, que dirige la unidad que ha acompañado a supervivientes y familiares de víctimas durante los últimos doce meses. Justo al lado, una joven se hacía repetidos selfies, exhibiendo un estudiado mohín y esa mano cornuda tan imprescindible en la cultura del rock. Y, algo más allá, la actriz Charlotte Rampling coreaba algunos temas junto a Trudie Styler, la esposa de Sting. “Llenar esta sala no es un símbolo, sino una necesidad”, aseguraba Rampling.

Si el Bataclan de otro tiempo apestaba a sudor y cerveza, el recién inaugurado huele a pintura fresca y corrección política. Quedan muy lejos los tiempos donde los New York Dolls se liaron a porrazos con el público tras escuchar los insultos homófobos que les dirigían, donde se reformó brevemente The Velvet Underground cuando ya casi no se hablaban o donde se escenificó el pulso entre Blur y Oasis en pleno apogeo del Britpop. Pese a todo, lo de Sting suponía un regreso. Ya actuó en Bataclan en 1979, cuando estrenó algunas de las canciones que había compuesto meses atrás durante una estancia en París. Entre ellas, Roxanne, que sonó casi al final del concierto, en el que también participaron invitados como el trompetista Ibrahim Maalouf o el guitarrista Henry Padovani, miembro original de The Police. El punto final lo puso The Empty Chair, un homenaje al reportero James Foley, decapitado por el Isis en 2014, que el cantante hizo extensible “a todas las familias que hayan perdido a un ser querido.”

Para ampliar esta información: El País

En mi opinión, es importante rendir homenaje a las víctimas de estos atentados ya que los extremistas utilizan precisamente esta violencia criminal para expandir el terror.
Por tanto, este acto no sólo es un homenaje a los fallecidos y sus familias, sino que también constituye una manifestación de la sociedad frente a los métodos terroristas.

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