lunes, 19 de mayo de 2014

Don quijote se quejó de los molinos

Don Quijote de Barracas
Un vecino de Castellón consigue en los tribunales que se desmonten cinco molinos eólicos
Ha podido demostrar el trastorno psiquiátrico que le provocaban el ruido y la sombra: 'Ya no cantan los grillos por el ruido y la sombra intermitente de las aspas te vuelve loco'
En un lugar de Barracas... vive Luis Murria. Y en la casa de al lado, Nieves Algué. Y justo enfrente, a unos 400 metros, en lo alto de una montaña, habitan decenas de molinos enormes, con su ruido y con sus sombras. No son molinos, son gigantes.
Luis sufre (o sufría) alteraciones del sueño desde hace siete añosy su vecina Nieves padece un trastorno ansioso depresivo, acreditado por peritos. Los dos han vivido desde 2007 bajo la sombra de al menos cinco enormes molinos eólicos.
Son dos vecinos de la Partida de la Cerrada del pequeño municipio castellonense de Barracas. Ellos y sus familias han comprobado que la energía ecológica, considerada limpia, renovable y amigable con el medio ambiente, puede ser nociva para la salud si no respeta una distancia prudencial con el ser humano. Para evitarlo, supuestamente se exigen los informes de impacto ambiental. Pero en este caso, no.
Todo empezó en 2008, cuando en la Partida de la Cerrada, en la que siete viviendas forman toda la población -sólo en dos de ellas se habita como residencia habitual- se elevó el Parque Eólico de Cerro de la Rajola. En una de las humildes casas habitadas -que el Ayuntamiento no contempla como parte de su jurisdicción- vive largo tiempo Luis, que pronto cumplirá los 63 años, con su hijo; en la otra, Nieves, que acaba de celebrar los 55.
'Me quería morir, ya no aguantaba a nadie, estaba enfadada, irritable, los molinos eran una obsesión'
Antes de que se instalaran los molinos eólicos, Luis carecía de antecedentes médicos o psiquiátricos pero «con las aspas», como le gusta llamar a sus antagonistas eólicos, «lleva cinco años de sufrimiento». Desde entonces le ha «cambiado el carácter» y asegura que se muestra más «irritable» con su mujer y con sus hijos. Una situación que le impone tomar antidepresivos (Seroxat) y benzodiacepinas (Loracepam), tal y como acreditan los informes que presentaron cuando decidieron iniciar un quijotesco combate contra la empresa que los instaló y la administración autonómica que los autorizó.
«Ya no cantan los grillos por un ruido constante durante la mañana y la noche que no te deja descansar. Y la sombra intermitente de las aspas te vuelve loco». Luis dice que lo más duro ha sido «soportar comentarios que son dolorosos, porque (a los vecinos de Barracas) parece que les voy a quitar el pan de la boca, porque piensan que voy en contra del pueblo». También admite que las discusiones con su mujer se han multiplicado.
La casas de Luis y Nieves rodeadas por los molinos.

Podéis seguir la noticia que me ha llamado tanto la atención en la pagina web :http://www.elmundo.es
Escrito y sacado de Internet por José Manuel Ortigosa Ruiz.

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