lunes, 8 de julio de 2013

LOCO, PERO DE AMOR ( SEGUNDA PARTE)

Días más tarde  supo nuestro amigo que la familia de aquella mujer procedía del Sur de Francia donde sus abuelos  habían tenido que emigrar, pues el golpe de estado del general Franco les había pillado en zona republicana.
Nuestro amigo decía con sorna que sólo gracias a la madurez del pueblo español y de la apertura que supuso observar como tranquilamente  las bellas rubias suecas se bañaban en nuestras, entonces y ahora, magníficas playas,  se pudo tras la dictadura pasar a una transición magníficamente conducida por nuestro actual Rey—Juan Carlos I— que algunos vaticinaban “el breve “ y que sólo gracias a la historia reciente, tras el golpe del 23-f, ha puesto en su lugar.  
La muchachica hablaba francés, pues era el idioma en el que se había educado, y a trompicones el castellano, pues su familia lo hablaba en el calor del hogar. Ella recordaba perfectamente los cuentos que, primero su abuelo, y tras la trágica muerte de éste, su madre, le contaban de pequeña junto a la chimenea de su casa.
Nuestro amigo disfrutaba oyendo hablar a la chica e incluso aprendió, siempre ella cogiéndolo del brazo mientras paseaban, a decir un par de frases en francés que nunca, nunca olvidaría durante el resto de su vida:
---- coment a llez-vous?
---- très bien, très bien
---- Ça va, ça va
---   ne me quitte pas
Así, pasaban y pasaban los días: un lunes, un martes, tras el martes, un nuevo miércoles y así semana tras semana.
El psiquiatra, la psicóloga y todo el equipo evaluador seguían valorando a nuestro amigo, pero ninguno de ellos sabía con precisión porqué vericuetos estaba  nuestro amigo como estaba.
Él, seguía  todas las mañanas fiel a la cita con su “francesita”,--- así la llamaba nuestro amigo---, y realmente su presencia, su calor y su conversación lo hacían feliz.  Hablaban de todo: de la vida que ella había llevado ( tenía una hija de tres años y un noviete al que no veía desde hace dos), de los avatares existenciales de nuestro amigo, que aunque joven, los había sufrido; de literatura – a ambos les gustaba Eduardo Mendonza y sus historias ambientadas en la Barcelona, tanto actual como de principios de siglo, e Isabel Allende con su prosa mágica que desarrolló con tanto estilo en su libro, que ambos habían leído “ La casa de los espíritus”; de música: a los dos le gustaban los cantautores tanto “ clásicos “ como Aute y Serrat, como modernos “ Fito y los Fitipaldis” que aunque no era un cantautor al uso lo consideraban un trovador moderno al igual que “ al Sabina “—como dice él mismo <<ese que canta >>---
Una noche tras escuchar en radio 3 a Juan de Pablo y su programa “los elefantes sueñan con la música “en vez de irse cada uno hacia su habitación, – como hacían siempre tras despedirse hasta la mañana siguiente---, decidieron con tan sólo una mirada quedarse un ratito más hablando de cómo se encontraban tras cuatro semanas y media en el psiquiátrico.
Nuestro amigo le comentó con sinceridad que lo mejor que le había pasado en su vida era haberla conocido; que ni la medicación, que le había ido bien, ni las terapias, que también, le habían ayudado tanto como su comprensión y sus charlas matutinas. Que tenía ganas de que le dieran el alta, porque estaba mejor, pero tenía miedo a perderla y a no verla nunca más. Que su ilusión todas las mañanas para levantarse era ella y la esperanza de que todos los días se vieran, le servía de acicate para afrontar un nuevo día, con ella, mejor que el anterior.
Ella también se sinceró y le dijo que aunque joven, le había parecido un muchacho muy maduro para su edad; que para ella su compañía había sido como un bálsamo revitalizante; que en Barcelona estaba su hija, que vivía ahora con sus abuelos y que en cuanto encontrara de nuevo un trabajo estable – la habían echado del último, un claro despido improcedente, por su trastorno bipolar--podría irse a vivir con ella.
A ella se le escaparon unas lágrimas de emoción, y él cariñosamente la abrazó como se abrazan dos amantes que se juran fidelidad eternamente.
Del abrazo a una caricia, de una caricia a un beso y del beso a otro beso hasta que de nuevo se volvieron locos, pero esta vez, y las que siguieron, locos de amor.
Cogidos de la mano y sudorosos se encaminaron con complicidad y un poco asustados hacia el jardín del psiquiátrico, pues conocían un paraje idóneo para sus intenciones.
Estaba un poco oscuro, pues el jardín no estaba iluminado y la luna tampoco ayudaba mucho, pues era luna moruna; así que a trompicones y sin dejar de besarse siguieron casi instintivamente,—pues conocían los senderos del jardín como la palma de sus manos--, hasta llegar al deseado paraje donde él, con cariño, tumbó a ella sobre el césped mullido y, a esa hora de la noche, con un poco de escarcha que con el calor y el ímpetu de los dos cuerpos abrazados se fue derritiendo poco a poco.
Así, ella, que era más experta en esas lides, se puso sobre él y con suavidad y como dos ciegos a tientas, ella empezó a despojarlo de su camiseta besándose ambos al mismo tiempo; él, besando los suaves, pequeños y almibarados pechos de ella; y ella acariciando el torso de él y sin dejar de besarlo en la oreja – ya que sabía, se lo había dicho él – pues era una zona de sumo placer para nuestro amigo.
Apasionadamente y dejándose llevar hicieron el amor lenta, muy lentamente, intentando él ir al mismo ritmo que ella, para llegar juntos a un orgasmo que a ellos les pareció cósmico, pues ninguna fuerza de la naturaleza se había conjurado nunca antes como en esa noche y ante ese orgasmo.
A la mañana siguiente, nuestro amigo tenía cita con sus evaluadores.
Ninguno de ellos se podía explicar el cambio en el rictus de nuestro amigo. Se le veía radiante y contento, e incluso, se rió ante un comentario de la psicóloga.
Él no quería decir abiertamente a qué se debía que las “telarañas de su cabeza“ hubieran desaparecido así tan de repente, pero algo adivinaban y es que la fuerza del amor todo lo puede.


DEDICADO A MIS PADRES Y HERMANOS POR ENSEÑARME EL CAMINO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario