viernes, 20 de octubre de 2017

San Jorge y el dragón




Hace muchos años en una tierra lejana había un reino coronado por un castillo de cuatro vistosos torreones con magníficas troneras y almenas de granito. A sus pies bajo el castillo había una próspera ciudad donde todos los comerciantes de la comarca se reunían en torno a un abundante mercado de comestibles, paños, almizcles y todo tipo de mercancías. El rey de tan dichoso reino se llamaba Hugo, un hombre viudo cuyo único consuelo era su hija la bella princesa Hugolina de rubios cabellos y ojos de esmeralda.  Así transcurrían los años cuando siendo  aun una muchacha Hugolina se declaró en todo el reino una terrible sequía, los pozos se secaron, las plantas se mustiaron, los pájaros del cielo se morían de sed, todo era árido en el lugar exceptuando un caudaloso manantial que fluía al borde de una colina en un lugar no muy lejano al castillo, largas colas se formaban a los pies de este para recoger el preciado fluido. Sin embargo, las desgracias no vienen solas, o solo sirven para acrecentar el mal de la gente, pues un día apareció en el cielo un terrible dragón; su fuego sulfúrico  aterrorizaba a los habitantes del reino y el muy descarado animal vino a posarse a los pies de la fuente. Atemorizado el rey quiso enviar una embajada a tratar con el dragón, este malévolo exigió una víctima diaria para que los habitantes pudieran seguir usando las aguas. El rey para que el reparto de víctimas fuera equitativo, decreto un sorteo entre las gentes del lugar incluyendo en el no solo su nombre sino el de su preciada  hija Hugolina. Así día a día devoraba el temible dragón a una victima para que el resto pudiera tras el macabro sorteo obtener el preciado líquido. La mala suerte se cebó con el rey al producirse la elección de la hija del rey. Muchos fueron los caballeros que se ofrecieron a sacrificarse por ella. Sin embargo, fue un joven mancebo llegado de las lejanas tierras de Capadocia quien se ofreció a liberar a la princesa de las garras del dragón; iba este montado en hermoso corcel blanco e iba temiblemente lanzado. Acercándose con sigilo alanceó terriblemente al dragón estando este dormido, Hugolina quedo liberada, y de las gotas de sangre surgieron rosas que son las que se encuentran en las aceras de las calles de Barcelona.
 

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