viernes, 23 de noviembre de 2018

EL DEBATE


La noticia salió en todos los telediarios estos días. Un simpatizante ultraderechista de una localidad de Cataluña había mostrado a través de una cuenta de washapp su intención de asesinar al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Una militante de Vox que compartía con el whatsapp lo denunció a las autoridades y los Mossos de Escuadra actuaron en consecuencia. La cuestión de este artículo no es juzgar los actos de este personaje sino de una tertulia televisiva donde se comentaba el hecho. Afirmaciones como “este hombre debía de estar mal de la cabeza”, “es un loco”, “no estaba en sus cabales”, “se trata de un perturbado” fueron realizadas por un grupo de periodistas presuntamente serios. No sabemos si el mencionado tendrá la desgracia de tener un trastorno mental pero lo que queda claro es la falta de tacto para con los miles de enfermos mentales que luchan cada día en este país. Queda claro que no todos los enfermos de afecciones mentales son magnicidas. 


La noticia saltó a los medios hace tan sólo un día, los jueces de la Manada habían exculpado de intento de asesinato a un hombre que presuntamente intentó asfixiar a su mujer y apuñalarla con un cuchillo delante de su hija. El eximente habría sido la enfermad mental de este que ese día había acudido a la cita con su psiquiatra y le había subido la medicación. Fue todo un ejercicio de respeto al secreto profesional. Digamos que a los periodistas sólo les faltó dar la hora de la cita, el Centro médico y el nombre del especialista en cuestión; el tratamiento médico y los medicamentos con sus dosis correspondientes.

Estos son sólo dos ejemplos del tratamiento informativo que los medios dan a los llamados "locos", dos gotas de agua en un mar de informaciones que los mass-media sueltan al aire estigmatizando a personas en grave riesgo de exclusión y con los mismos derechos a la intimidad que los demás.

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